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Parecen dos, es una.

 In Desde mí | Desde Aquí

En este mundo conviven complementándose el yin y el yang, la oscuridad y la luz, la noche y el día, lo femenino y lo masculino, lo receptivo y lo creativo, la forma y el espíritu, lo bueno y lo malo, lo débil y lo fuerte y un sin fin de pares más. La dualidad es necesaria para poder compensar una cosa con la otra, lo uno y lo otro no sólo no podrían existir por sí solos, sino que también se dan una mano, se dan un mutuo descanso en el mundo material, donde todo transcurre en un espacio-tiempo, es decir, donde todo es relativo.

Desde hace ya unos cuantos años soy consciente de que en mí cohabitan dos que se turnan en sus apariciones en el mundo y lo hacen en relación a las circunstancias. Cuando no tenía esa consciencia de mí misma solía preferir a una sobre la otra. Casi siempre la elegida era la buena y la sacrificada, siempre ha sido mi preferida porque era la que mejor cualificaba en popularidad entre las personas a las que yo pensaba que tenía que demostrar mi amor. Pero si entendemos lo que me hacía a mí misma, podemos darnos cuenta de que al elegir una parte de mí, estaba forzando a la otra a salir para compensar y entonces me ponía en constante tensión, porque no quería que saliera la que no había elegido, pero allí estaba ella. Toda cargada en su distorsión.

Pero de otra forma voy a contar lo que sucede…

Siempre que alguien -incluso yo misma- elige a la bella en mí, en algún momento inevitable y brutalmente, la bestia sale a escena, arma en mano y dispuesta a volarle la cabeza a cualquiera. Cabe aclarar que no está bajo los efectos del alcohol y –aunque podría serlo– no estoy segura de que sea macho porque la bestia es puro ser salvaje. No sigue las normas y tiene su propia ley. 

Lo mismo sucede cuando alguien (o yo misma) me condena a ser la bestia poniéndome la etiquetita. La diferencia está en que la bella no sale a escena armada, sino que sale a escena a desarmar. Y aunque se (la) haya identificado con una serie de supuestos bonitos del rol femenino que en el pasado le costaron la silueta, la verdad hoy por hoy es que tampoco sigue las normas y también tiene su propia ley. 

Pero Nadia es una y la otra… y también no es una ni la otra.

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